Un cajón de sastre o el resultado de vagar a capricho por el centro de Viena
Desde que estoy en Viena pienso mucho en pasteles. Paso por delante de una konditorei (la palabra ya me parece deliciosa) y, aunque no tenga hambre, siento el antojo de algo dulce. Pero no es solo eso. Es que los edificios mismos a menudo me recuerdan cosas ricas: una tarta, el merengue, la nata...
No me ocurre todo el tiempo, por supuesto. Puedo afirmar que Viena es cualquier cosa menos empalagosa. Y, desde luego, encuentro en ella suficiente variedad y contrastes.
A veces incluso algún detalle ligeramente desconcertante. Porque, de existir el teletransporte, podría imaginar que ha sido así como ha aparecido esto en la Schwarzenbergplatz.
No, no se ha materializado aquí de repente y sí, efectivamente, es un monumento de guerra, concretamente de la Segunda Guerra Mundial. Es el Heldendenkmal der Roten Armee (monumento a los héroes del Ejército Rojo), que se erigió en memoria de los soldados soviéticos caídos en la toma de Viena (abril de 1945).
La Hochstrahlbrunnen (fuente del chorro alto) contribuye a destacar la imagen del soldado pero no se creó con ese propósito. El motivo real fue la construcción de la primera canalización de agua potable desde los Alpes, que concluyó en 1873 con la inauguración de la fuente.
Para ser sinceros, los recordatorios de la Segunda Guerra Mundial no estaban entre los primeros puestos de mi lista de intereses, pero he tenido que hacer hueco para uno: un afortunado caso de serendipia se ha dado cuando he descubierto por casualidad la Haus des Meeres (casa del mar), un acuario instalado dentro de una maciza torre antiaérea (la idea me ha parecido simplemente fantástica).
Aún añado (son los peligros de ponerse a revisar la propia lista de intereses) dos memoriales por las víctimas de la guerra: el del austríaco Alfred Hrdlicka en la Albertinaplatz y el de la británica Rachel Whiteread en la Judenplatz. Utilizando recursos muy distintos, el primero es bastante gráfico, el segundo más conceptual, ambos consiguen el mismo resultado: conmover profundamente.
La Judenplatz (buen lugar para cambiar de tema) se localiza dentro del área donde estuvo emplazado el campamento romano de Vindobona, germen de la ciudad de Viena. No es extraño, por tanto, que la plaza esté rodeada de sitios con una historia de ocupación y uso que se remonta a épocas muy tempranas.
A tan solo unas decenas de metros está Am Hof (en la Corte), una de las plazas más antiguas de la ciudad. Fue en Am Hof donde establecieron su residencia los príncipes de la dinastía Babenberg. La Corte no se trasladaría al Hofburg, con los Habsburgo como nuevos amos, hasta finales del siglo XIII.
En la otra dirección está Hoher Markt (mercado principal), considerada la plaza de mercado más antigua de Viena.
Hoher Markt atrae a mucha gente, no por el mercado (perdió esa función hace mucho tiempo), sino por el Ankeruhr.
El Ankeruhr es un reloj. Se construyó entre 1911-1914 por encargo de la compañía de seguros Der Anker para decorar el paso elevado entre los dos edificios de su sede. El diseño artístico estuvo a cargo del pintor y escultor Franz Matsch.
A la vista del reloj se entiende perfectamente por qué es un imán para la gente.
Cada hora en punto, un personaje histórico hace su aparición al son de una melodía. Durante los 60 minutos siguientes, se desliza con lentitud frente a la esfera hasta que le llega el turno de desaparecer y ceder el sitio al siguiente personaje. Así hasta un total de 12. El momento culminante tiene lugar a mediodía, cuando las 12 figuras al completo desfilan en orden mientras suena la música.
A tiro de piedra de Hoher Markt está la Ruprechtskirche, el matusalén de las iglesias de la ciudad. Es tan antigua y, sobre todo, tan sorprendentemente austera que su presencia en el centro de Viena induce a pensar que se debe a algún fenómeno inexplicable. Un misterio comparable al del monumento del Ejército Rojo de la Schwarzenbergplatz.
La Ruprechtskirche es un matusalén en cierto modo incoherente con su entorno. De acuerdo. La cercana iglesia de Maria am Gestade es una venerable anciana de delicada belleza.
Una belleza que confunde, no con su aspecto como la Ruprechtskirche, sino con su nombre, porque Maria am Gestade significa María en la orilla.
La confusión dura el tiempo que uno tarda en enterarse de que, efectivamente, se construyó a la orilla del Danubio. De uno de sus brazos, para ser exactos. Y aunque la iglesia no se ha movido del sitio, no podemos decir lo mismo del cauce caprichoso del río.
Técnicamente, la Minoritenkirche se quedaría fuera del perímetro de la Vindobona romana, pero está en el centro histórico y es tan digna de llevar la etiqueta de iglesia atípica como la Ruprechtskirche o la Maria am Gestade. Solo hay que echar un vistazo a su mole compacta, que ayuda a disipar cualquier duda al respecto.
He terminado con las iglesias singulares del casco viejo, aunque no con sus plazas importantes. Me he dejado una, la Freyung, y lo he hecho con toda la intención. ¿Para qué? Para ir ahora desde la Minoritenkirche siguiendo el camino más natural. Que pasa por el Palais Ferstel.
Hay que reconocer que el nombre es engañoso, porque el Palais Ferstel nunca ha sido un palacio, sino que se construyó para ser la sede del Banco Nacional y la Bolsa de Valores. Es más, Ferstel no hace alusión al propietario, sino al arquitecto.
Heinrich Ferstel (1828-1883) no vivió mucho pero fue un arquitecto bastante prolífico, cuyo legado en la ciudad de Viena incluye edificios monumentales como la Votivkirche, la Universidad o el MAK (Museo de Artes Aplicadas). Uno de sus primeros trabajos fue el Palais Ferstel.
Esta pequeña joya neorrenacentista incrustada (literalmente) en una manzana de edificios es notable por su extraña disposición y, claro está, por su belleza. Por si fuera poco, alberga el archifamoso Café Central (otra vez pensando en pasteles) y tiene un precioso pasaje comercial que desemboca en la Freyung.
La plaza, vienesa por los cuatro costados, es hogar de la Schottenkirche, que es la iglesia de una abadía benedictina fundada en el siglo XII por monjes irlandeses.
No la he incluido en mi lista de iglesias poco comunes porque el edificio actual es barroco (esto en Viena no llama demasiado la atención). Aunque quizás debería, ya que la Schottenkirche, fundada (insisto) por monjes irlandeses, se traduce como iglesia escocesa.
Todo cobra sentido, no obstante, en cuanto uno se entera del término histórico en latín para Irlanda: Scotia Maior.
Los monjes benedictinos siguen aún a cargo de la abadía e incluso regentan una casa de huéspedes.
Ludwig van Beethoven nunca fue huésped de la abadía pero sí residió muy cerca, en la casa de un mecenas suyo llamado Johann Baptist Freiherr von Pasqualati.
La Pasqualatihaus se construyó sobre el Mölker Bastei, un bastión defensivo del siglo XVI. La mansión se conserva intacta, no así el bastión (lo que vemos ahora es tan solo un muro de contención). El sitio aún disfruta de una posición privilegiada, aunque apuesto a que Beethoven lo encontraría todo extrañamente cambiado.
Porque en su tiempo no existía lo que yo estoy contemplando ahora, ni el edificio de la Universidad (su autor fue Heinrich Ferstel, por si lo habíamos olvidado), ni tampoco el obelisco coronado por una Victoria dorada.
El monumento, inaugurado en 1890, honra la memoria de Johann Andreas von Liebenberg, alcalde de Viena. Por cierto, este personaje es una de las figuras móviles del Ankeruhr, el llamativo reloj de Hoher Markt. Liebenberg merece esos honores por haberse distinguido en la defensa de Viena durante el asedio otomano de 1683. Por desgracia para él, no vivió para ser testigo de la liberación de su ciudad, ya que murió dos días antes.
La tarde avanza, me apetece un descanso y sé dónde hay un Café.
Está en el Volksgarten (jardín público).
Nada mejor que llamar a las cosas por su nombre, porque el Volksgarten, abierto en el año 1823, fue creado, en efecto, para el público.
Y sigue siendo muy popular. Turistas y locales aprecian por igual su famoso Rosengarten, un jardín que contiene unos 3.000 rosales de unas 400 variedades diferentes. Muchos exhiben una tarjeta (esto me ha encantado) con una dedicatoria personal.
El Theseustempel, de un blanco inmaculado, es el otro foco de atención. El monumento es una copia a escala reducida del Templo de Hefesto o Teseion de Atenas. Frente a él monta guardia un joven atleta de bronce, obra de Josef Müllner (1879-1968).
Me está indicando la dirección del Café Meierei (otra palabra sumamente deliciosa). Creo que me daré un capricho y pediré un trozo de tarta.













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