Friburgo de Brisgovia en Alemania: a vista de pájaro
Si Friburgo de Brisgovia fuera un organismo vivo, su corazón bien podría estar en la Münsterplatz. No por su ubicación. Dentro de ese cuadrado casi perfecto que es el casco viejo, la plaza se encuentra demasiado al norte y demasiado al este del punto central (que, mejor pensado, sería el ombligo). Es por otros motivos. Por el modo en que la vida bulle, especialmente durante el mercado tradicional de la mañana. Y por el marco donde se desarrolla, una enorme explanada rodeada de elegantes edificios antiguos. Y sobre todo por la catedral, levantándose justo en medio, miles y miles de toneladas de arenisca roja admirablemente bien dispuestas.
La catedral de Friburgo se comenzó a construir en torno al año 1200 y no se terminó hasta 1513. Mucho tiempo, aunque no demasiado para una obra de esta envergadura. Suficiente para dar cabida a una sucesión de estilos, desde el románico de las primeras fases hasta el gótico, que es el que domina.
Tiene un elemento muy sobresaliente, en todos los sentidos. Es la torre oeste. Destaca por su altura, 116 metros (cuando se completó, en torno al año 1330, era una de las más altas del mundo), pero además destaca por su aguja de tracería, la primera en su especie y modelo para muchas otras que vieron la luz después.
A 70 metros sobre el suelo, en la base de la aguja, hay una galería de observación que está abierta, previo pago, al público.
Subir o no subir. Esa no es la cuestión. La cuestión es dónde están esas escaleras.
Al pie de la torre se encuentra la entrada principal y más monumental. En ella se narran a todo color historias de la Biblia.
La entrada monumental está cerrada.
Pero hay acceso al interior por una puerta más pequeña en el lado sur. Después, 209 escalones conducen hasta la sala del vigilante. Es en esta sala donde por fin se adquiere el ticket.
El premio a la constancia aguarda 56 escalones más arriba: vistas hacia los cuatro puntos cardinales, la ciudad de Friburgo a los pies y un dosel de lujo sobre la cabeza.
¡Solo un mirador más, por favor! A ser posible muy alto y con muchas escaleras.
Deseo concedido.
Desde la misma Münsterplatz ya se ve, asomando en la lejanía por encima de los árboles.
¿Alguien me sigue? Parece que no.
To all dreamers following their passion… (podría estar dirigido a mí en este momento). Lo firma el artista Tom Brane. Su mural se encuentra justo al lado de la Schwabentor.
La Schwabentor es una antigua torre medieval, de las dos que aún se conservan. Es aquí donde comienza el sendero de la Schlossberg (colina del castillo).
A medida que se gana altura la sensación de incredulidad se va haciendo más fuerte, porque parece mentira que en la Schlossberg haya habido alguna vez un castillo. Los restos, tremendamente escasos, se adivinan más que verse, ocultos, como en un hechizo, por un frondoso bosque que se ha hecho dueño de todo. Si Friburgo de Brisgovia tiene el corazón en la Münsterplatz, definitivamente su pulmón es la Schlossberg.
En la cima, o casi en la cima, se encuentra por fin esa torre-mirador tan deseada.
La Schlossbergturm, instalada en el año 2002, otorga a los curiosos la capacidad de elevarse por encima de las copas de los árboles sin tener que despegar los pies de suelo estable.
El esfuerzo, que tampoco es tal (son 153 escalones), tiene sobrada recompensa.
Subir… bajar… subir… bajar… Ya se acabó. ¡Oh!...
En resumen, un par de estupendos miradores, a cuál más espectacular. Y caben los dos en la misma foto de recuerdo.
























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