Friburgo de Brisgovia en Alemania: ejemplo de centro histórico bien cuidado (y ordenado)
La Kaiser-Joseph-Strasse, Kajo para los vecinos, es la tradicional arteria comercial de la ciudad de Friburgo de Brisgovia. Esta calle, un amplio paseo peatonal (cuasipeatonal, circulan tranvías), discurre de norte a sur en línea recta, atravesando el pulcro y bien ordenado centro histórico y dividiéndolo limpiamente en dos.
El punto final lo pone la Martinstor.
La Martinstor es una torre defensiva del siglo XIII. La he alcanzado justo a tiempo, en el momento en que una nube ha empezado a dejar caer (amorosamente) una lluvia finísima (me he sentido como deben sentirse con mis cuidados las plantas de mi casa).
No muy lejos hay otra torre, que es la Schwabentor.
La Martinstor y la Schwabentor son las únicas supervivientes de las defensas medievales de la ciudad.
Y aún tienen otra cosa en común, que es que, entre adaptarse o morir, ambas se adaptaron, las dos al mismo tiempo y del mismo modo, ampliando sus arcos para hacer sitio al tranvía. De paso (¿por qué no?), crecieron en altura de manera espectacular (casi el triple, que no es poco).
He dicho que el centro histórico es ordenado y tengo que repetirlo. Su trazado no puede respetar en mayor medida a los que hemos llegado al mundo y vagamos por él sin el menor sentido de la orientación (Casco histórico para dummies, supongo). La Kaiser-Joseph-Strasse lo divide en dos mitades. Eso también lo he dicho, pero aún hay más.
Vayamos por partes (no es un chiste). La mitad oeste se subdivide a su vez en dos cuadrantes, norte y sur. Este último está ocupado por la famosa universidad.
Fundada en 1457, la universidad de Friburgo no solo es una de las más antiguas de Alemania, sino que también goza de un gran prestigio tanto a nivel nacional como internacional.
El cuadrante al norte de la universidad está dominado por la Rathausplatz y sus dos ayuntamientos, el viejo y el nuevo. El viejo es de un intenso rojo carmesí. El nuevo, en cambio, aparece pintado de un mucho más discreto color blanco. Ambos están conectados entre sí por un pasaje elevado.
Y he aquí una especie de pequeño galimatías. El edificio del viejo ayuntamiento es de 1559 y el nuevo, de 1545. Por tanto, el viejo ayuntamiento es más nuevo que el nuevo ayuntamiento. Todo se explica fácilmente (¡oh, decepción!) porque este último no funcionó como tal hasta 1891.
El camino de regreso hacia la Kaiser-Joseph-Strasse pasa junto a la Haus zum Walfisch (Casa de la Ballena), una mansión del siglo XVI tan llamativa o más que el viejo ayuntamiento y exactamente igual de roja.
La casa merece atención por sí sola, pero aún se ha hecho más especial a causa de un residente del pasado. Erasmo de Rotterdam, en su huida de Basilea y de la Reforma, acabó encontrando refugio aquí. El famoso erudito se instaló en el último piso, que fue su hogar durante tres años (de 1529 a 1531).
En la actualidad, la Haus zum Walfisch forma parte de la sede de una Caja de Ahorros, la Sparkasse Freiburg-Nördlicher Breisgau.
La hipnótica y (no tan) roja fachada trasera de la Haus zum Walfisch se puede apreciar desde el Kartoffelmarkt (Mercado de la Patata).
En el Kartoffelmarkt tenía lugar el mercado de frutas y hortalizas. Ahora es simplemente una plaza abierta con una fuente ornamental. Hay una segunda fuente, mucho más pequeña, en la pared de la Haus zum Walfisch. Prefiero la de esta última, con su curioso mono de ojos saltones y su manzana.
Hasta aquí la mitad al oeste de la Kaiser-Joseph-Strasse. ¿Y al este? Otra mitad, que se subdivide asimismo en norte y sur.
El sector norte destaca por una construcción impresionante, una grande entre las grandes, el peso pesado de Friburgo de Brisgovia.
Es la catedral, la de la alta torre rematada con aguja de tracería, 116 metros de arenisca roja apuntando hacia el cielo.
La catedral se alza en medio de la Münsterplatz, un amplísimo espacio donde se monta a diario un mercado. Buen lugar. Y buen momento. Me he decidido por algo muy típico de Friburgo, una Lange Rote (literalmente, larga roja), una salchicha a la parrilla, larga y roja (deliciosa).
Me temo que esta noche voy a soñar con cosas rojas y no lo digo por la salchicha, sino por lo que estoy viendo en el lado sur de la Münsterplatz.
El Historisches Kaufhaus (gran almacén histórico) no es ni menos llamativo ni menos rojo que la Haus zum Walfisch o el viejo ayuntamiento. Con él ya tengo un trío de hermosísimos edificios rojo carmesí de Friburgo de Brisgovia.
Este, al igual que los otros dos, es del siglo XVI. En su tiempo funcionó como aduana y almacén.
Adornan la fachada cuatro figuras de gobernantes de la casa de Habsburgo: Maximiliano I, su hijo Felipe el Hermoso y sus nietos Carlos V (y I de España) y Fernando I. Las estatuas, así como los escudos de armas, fueron obra del escultor Hans Sixt von Staufen.
Calles y callejones se adaptan al contorno de la enorme plaza, amontonándose en cierto desorden (sin exagerar). El ambiente bien cuidado unido al relativo desorden suponen una invitación para dejarse llevar y perderse. Aunque esto último (perderse) es difícil, por no decir imposible, porque siempre se tiene al alcance ese gran punto de referencia que es la Münsterplatz (creo que ya tengo el título, Aprendiendo a orientarse: nivel intermedio).
Y ¡oh, descubrimiento! Muy cerca de la Münsterplatz me doy de frente con la sede de la archidiócesis de Friburgo.
No sé qué aspecto tendrá por dentro (hubiera sido un placer poder echar un vistazo) pero por fuera sería perfecta para una película de fantasía. O mejor aún, de ciencia ficción fantástica.
El responsable de este extraordinario ejercicio de creatividad fue el arquitecto austríaco Raimund Jeblinger (1853-1937).
El último cuadro de la cuadrícula (mitad este, sector sur) tiene casi en su centro una ajetreada plaza de forma triangular.
Es la Augustinerplatz, hogar del Augustinermuseum (un museo instalado en un antiguo monasterio), así como vía de entrada al Schneckenvorstadt (Barrio de los Caracoles).
Caracoles no he visto pero sí un cocodrilo, acechando sigiloso en las aguas del Gewerbekanal. No hay motivo de alarma porque no se ha movido del sitio desde el año 2002 y es poco probable que lo haga, ya que es de piedra y todo cabeza. El padre de la criatura es el artista Ole Meinecke.
Con o sin cocodrilo, es una delicia pasear por el barrio, sin duda el más pintoresco del viejo Friburgo. En su tiempo el Schneckenvorstadt fue hogar de curtidores y pescadores. Los nombres de las calles (Gerberau, Fischerau) todavía recuerdan los oficios de sus antiguos moradores.
He dejado para el final los Bächle. Aunque quizás tendría que haber empezado con ellos, porque son sin duda el rasgo más distintivo de Friburgo.
Los Bächle (arroyuelos) son pequeños canales artificiales creados en el siglo XII con el fin de suministrar agua para distintos usos, aunque nunca como alcantarillas.
Preservados hasta ahora y cuidadosamente mantenidos, discurren por todo el centro histórico. Prácticamente cada calle y cada plaza tiene su (o sus) Bächle. En los días de calor, como hoy, turistas y locales, grandes y pequeños, aprovechan para meter un rato los pies en el agua increíblemente fresca y limpia.
Advertencia: si alguien se mete sin querer en un Bächle, se casará con un Bobbele (alguien nacido en Friburgo).
En fin. De momento debo dar por terminada la visita a ras de suelo. Me espera la torre de la catedral.
Ya voy (con cuidado de pisar en tierra firme).

























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