Viena: el estilo plural de la Ringstrasse (y un palacio genuinamente barroco)
El 18 de febrero de 1853, un joven sastre húgaro llamado János Libényi aprovechó uno de los paseos de Francisco José I por la muralla de Viena para intentar asesinarlo con un cuchillo de cocina. El emperador sufrió una herida leve y su agresor murió en la horca unos pocos días más tarde.
El incidente dio pie a que el hermano de Francisco José (futuro Maximiliano I de México) lanzara una campaña de recogida de donaciones para construir una iglesia votiva en agradecimiento por la vida del emperador.
Se decidió que la nueva iglesia se levantara extramuros, junto al glacis, según los planos de un joven arquitecto llamado Heinrich Ferstel. Los trabajos comenzaron en 1856 y duraron más de 20 años, hasta 1879.
En ese lapso de tiempo las murallas de la ciudad se desmantelaron para ceder el sitio a la Ringstrasse. Por tanto, la Iglesia Votiva, que ya se había iniciado, se convirtió en el primer proyecto monumental de la gran avenida de circunvalación.
Ferstel también estuvo a cargo del diseño de la nueva universidad, aunque su temprana muerte le impidiera verla terminada (el arquitecto falleció en 1883, un año antes de que finalizaran las obras).
Así que (la casualidad lo ha querido así) dos monumentos salidos del ingenio del mismo autor, universidad e Iglesia Votiva, son vecinos en la Ringstrasse. Literalmente, ya que están el uno al lado del otro.
La Iglesia Votiva se concibió a imagen de las grandes catedrales góticas francesas. En cambio, la universidad está inspirada en el renacimiento italiano. Lo que Ferstel pretendió en cada caso fue evocar una época particularmente espléndida, eligiendo el estilo histórico que más le convenía para luego crear su propia versión idealizada.
Este fue un criterio común para los arquitectos de la Ringstrasse, imitar estilos del pasado, realizando no copias fieles sino adaptaciones libres, con la intención de crear reminiscencias de momentos destacados de la historia.
Lógicamente, el estilo no se escogía al azar, sino que se buscaba el que tuviera cierta asociación con el propósito del edificio. De ahí, por ejemplo, que la torre del ayuntamiento recuerde tanto a la de su homólogo de Bruselas. El arquitecto Friedrich Schmidt, a la hora de plantearse el proyecto para el ayuntamiento de Viena, sin duda tenía la mente puesta en las poderosas ciudades medievales de lo que hoy es Bélgica.
Theophil Hansen, por su parte, estaba mirando hacia Atenas cuando se propuso dar forma al edificio del parlamento. Quizás no hay mejor modelo que la cuna de la democracia para un monumento de este tipo. Y quizás también el arquitecto fuera el más idóneo, porque se da la circunstancia de que Hansen, de origen danés, había estudiado y trabajado en la capital griega.
Hansen, además, diseñó la gran fuente de Palas Atenea, que ocupa un lugar de honor frente al parlamento. Se trata de una obra póstuma, ya que no se comenzó hasta varios años después de su muerte.
Flanqueando la fuente hay mástiles, donde ondean las banderas los días de sesión. Son gigantescos, además de un mínimo ejemplo de la cantidad de detalles que contribuyen a hacer grande a la Ringstrasse (la primera afirmación es un hecho, la segunda es opinión de esta diletante). Para muestra, un botón (o un par de enormes grifos).
De los planes monumentales para la Ringstrasse, el más grandioso era el Kaiserforum, el colosal Foro Imperial de Francisco José I, pero su ejecución se dilató en el tiempo hasta el punto de no llegar a completarse. El proyecto consistía en la ampliación del Hofburg (el palacio del emperador) y su conexión con los dos nuevos museos de la Corte.
Los museos, en efecto, se terminaron, a pesar de que han quedado aislados del complejo del Hofburg por la Ringstrasse. Son el Kunsthistorisches Museum (el Museo de Historia del Arte) y el Naturhistorisches Museum (el Museo de Historia Natural), dos edificios gemelos de estilo neorrenacentista que fueron diseñados por Gottfried Semper y Karl von Hasenauer.
De la ampliación del Hofburg solo se realizó una pequeña parte, que es el ala curva del Neue Burg. La explanada de enfrente es la Heldenplatz, la plaza de los Héroes, que contiene dos estatuas ecuestres.
Una de ellas representa al archiduque Carlos de Austria-Teschen (1771-1847), que pertenecía a la familia de los Habsburgo (era nieto de María Teresa) y se distinguió en las guerras napoleónicas.
El otro caballero es el príncipe Eugenio de Saboya (1663-1736), que era francés pero se puso al servicio de los Habsburgo.
Eugenio fue un gran estratega. Sus logros militares en favor de la monarquía austríaca fueron cruciales para la consolidación del imperio (y no es una exageración). Además fue un destacado mecenas de las artes y las ciencias. En Viena dejó un importante legado cultural y arquitectónico que todavía perdura. Podemos mencionar, por ejemplo, su valiosa biblioteca (cerca de 15.000 volúmenes) o su palacio de verano: el famoso Belvedere.
Los libros se custodian en la Prunksaal (la sala de gala de la Biblioteca Nacional de Austria), aquí mismo en el Hofburg. En cuanto al Belvedere, no está en la Ringstrasse, pero sí muy cerca y se puede visitar. Es nuestro próximo destino, así que, antes de irnos, decimos adiós a Eugenio.
El Belvedere se construyó fuera de las murallas como residencia de verano. Comprende dos palacios, el superior y el inferior, que están conectados por jardines a la francesa. De estos se encargó Dominique Girard, un discípulo de André Le Nôtre (el creador de los jardines de Versalles). Los palacios, por su parte, fueron obra de Johann Lukas von Hildebrandt, un arquitecto muy popular entre la aristocracia del momento.
Eugenio tenía su residencia en el Belvedere inferior, que fue el primero en construirse, entre los años 1712-1717.
El Belvedere superior, en cambio, era para las fiestas. Se construyó entre 1717-1723, inmediatamente después del Belvedere inferior.
Ahora el Belvedere es un museo de arte (los dos palacios están ocupados: en el superior está la colección permanente y en el inferior tienen lugar exhibiciones temporales). Y nos consideramos afortunados de que así sea, porque la experiencia no puede ser más gratificante, no solo por las exposiciones en sí, sino también por la refinada suntuosidad de los preciosos salones.










Comentarios
Publicar un comentario